Rompiendo Mitos

¿Se dice champagne o champaña? ¿Y “espumante”, es lo mismo?

Primero que nada, debemos saber que Champagne es una región francesa con denominación de origen para la elaboración de vinos espumantes bajo el método champenoise o tradicional.  A este vino en particular, en idioma castellano se lo llama “champán” o “champaña”.

Dicha denominación de origen, Champagne, no puede ser utilizada en vinos espumantes elaborados en otras regiones ni de Francia ni del mundo. Por ello, por ejemplo, el vino espumante elaborado en España se lo llama Cava; en California Sparkling Wine y en Argentina Vino Espumante.

Los vinos espumosos, espumantes o de aguja, son vinos con gas disuelto. El gas se consigue haciendo que haya una segunda fermentación dentro de la botella cerrada. El dióxido de carbono (CO2) que se produce no puede escapar y se disuelve en el líquido. La segunda fermentación en botella se puede conseguir añadiendo azúcar, embotellando el vino antes de que haya terminado de fermentar o cerrando la cuba de fermentación antes de que termine esta.

“Los tintos siempre se toman a temperatura ambiente” ¿Y si hace calor entonces? ¿Sí o sí blanco o rosado?

Los vinos tintos deben presentarse con un margen de temperatura que oscile entre los 16 y los 18º C para que se puedan conservar todos sus matices y se perciban adecuadamente sus componentes. Una excesiva temperatura provoca que la volatilidad del alcohol inunde el paladar, haciendo imposible la captación de los distintos aromas. Es más: con el calor, la evaporación de los alcoholes hace que afloren los aromas más fuertes y menos agradables del vino.

Los tintos jóvenes pueden presentarse entre los 12 y 15º C para resaltar su frescura y matices florales; los que tienen crianzas, entre los 16 y 18ºC; y los de grandes añadas a 20ºC.

Por tanto, nada de servir los tintos a temperatura ambiente ¡y menos en verano! En temporada cálida es conveniente enfriarlos en una frappera e incluso servirlos un poquito más bajos, porque a lo largo de la comida irán levantando temperatura; al fin y al cabo, es sólo cuestión de tiempo para que el vino alcance su temperatura ideal.

¿Todos los vinos mejoran con el paso del tiempo?

De entrada, esta pregunta tiene una respuesta simple y llana: no, no todos los vinos son “añejables”.

La guarda de vino en botella es el simple proceso de almacenar vinos acostados en un lugar frío durante un lapso prolongado. Luego de un período de años la pequeña cantidad de oxígeno atrapado en la botella y la modesta cantidad que se filtra por el corcho, seguirán suavizando y cambiando los sabores del vino. Los grandes vinos pueden ser guardados durante décadas, e incluso los vinos tintos normales se pueden beneficiar con un año o dos de almacenamiento. Hay vinos sencillos y básicos que no variarán ni se verán beneficiados con los años.

Los vinos que se denominan Reserva Tinto son aquellos que han sido añejados durante un período mínimo de doce meses a partir de que encuentren enológicamente estables, en tanto para los Blancos y Rosados ese lapso no podrá ser inferior a los seis meses. En el caso de los Gran Reserva Tintos deberán tener una crianza de 24 meses como mínimo y en el caso de Blancos y Rosados el tiempo mínimo de crianza no podrá ser inferior a 12 meses. De esto podemos concluir dos cosas: por un lado, que la bodega ya invirtió tiempo en añejarlo, de modo tal que desde el día que lo compramos ya está lo suficientemente evolucionado como para descorcharse; y que seguramente se trata de un vino apto para todavía esperar un tiempo más antes de ser abierto. ¡La elección es tuya!

“El vino es mejor si es un varietal.”

Varietales vs Blends, una recurrente discusión del mundo del vino. Existe una teoría popular a las que muchos adhieren: “Los vinos varietales son mejores”. Es cierto que existen grandes vinos elaborados con una única cepa, en los cuales se pueden apreciar todos los atributos y captar perfectamente la complejidad y expresión de la variedad. Como también existen grandes vinos elaborados con más de una cepas y hasta de diferentes cosechas.
Si miramos la historia, antes de 1960 no existían los vinos varietales. Los grandes vinos europeos eran denominados según su origen o procedencia. Con la entrada del Nuevo Mundo a la industria, surge la idea y se generaliza la mención de la cepa en las etiquetas como un diferencial para competir con los del Viejo Mundo. Esta tendencia ha traído grandes beneficios, permitiendo descubrir cepas que expresan todo su potencial y dan excelentes vinos de características únicas en las nuevas tierras, por ejemplo el caso del Malbec en Argentina.
Hoy en día sabemos apreciar la personalidad de la cepa, su tipicidad varietal (la cual a su vez también puede variar según su procedencia y elaboración) como también apreciamos un blend, valoramos en ellos el arte del enólogo al momento de elegir y saber combinar atributos para lograr un vino distintivo.
En definitiva, lo importante es el vino.

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